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¿Conoces la historia de las zapatillas POMPEII?

HISTORIAS DE EMPRENDIMIENTO QUE INSPIRAN


La historia de esta joven empresa comienza en 2014 de la mano unos jóvenes universitarios con visión de futuro y sobradas ganas de emprender. Cosme Bergareche, Jaime Garrastazu, los hermanos Jorge y Nacho Vidri e Iñaki Sánchez, amigos de la infancia, son los protagonistas de esta historia.

 

La historia de Pompeii es una historia de ambición, tesón y deseo de vivir de una manera determinada. Tras vivenciar distintas experiencias profesionales, que no convencieron en absoluto a este intrépido grupo de jóvenes, que rondaban los veinte años de edad, decidieron, finalmente, dedicarse a lo que realmente les gustaba. A ellos les fascinaba el mundo de la ropa, pero como ellos mismos manifestaron en su día, es realmente complicado emprender en el negocio del textil. Una vez asumidas las dificultades de entrar en ese mercado, se percataron de que el elemento con el que podrían producir mayor impacto en el mundo de la moda sería el calzado. Su propuesta fue la de unas zapatillas perfectas para salir de cañas a la vez que lo suficientemente formales para asistir a una reunión de trabajo y, lo más importante, fáciles de combinar. Para ello decidieron marcar la diferencia jugando con los colores de los cordones y de las suelas, aunque lo primero lo acabaron descartando.

 

El diseño de sus zapatillas es cuanto menos peculiar. Sin conocimiento alguno combinaron todas las características destacables de su calzado favorito, creando así un híbrido con todas ellas y llegando, finalmente, a un diseño sencillo, cómodo y atractivo. La elaboración de sus diseños iniciales se hizo mediante bocetos a mano que imprimían para, posteriormente, colorearlos con lápices de colores. Eso de utilizar programas informáticos de diseño para la elaboración del modelo no iba con ellos; al menos por el momento.

 

Una vez realizado el diseño llego lo realmente complicado: La fabricación de sus primeras zapatillas. Con una inversión inicial de 18.000€ comenzaron su aventura. Pero ellos no conocían en absoluto el mundo del calzado, por lo que acudieron donde todo el mundo recurre en momentos de duda e incertidumbre: Google.  Ahí encontraron decenas de fabricantes y, ni cortos ni perezosos, comenzaron a contactar con todos y cada uno de ellos con el firme propósito de que alguno accediera a fabricarles su modelo de calzado. De cada negativa y de cada persona que les colgaba el teléfono ellos aprendieron algo y, poco a poco, fueron adquiriendo el vocabulario propio del sector. Así, tras mucho perseverar, dieron con un fabricante en Elche, el cual les daría la oportunidad de poder vender sus primeras zapatillas.

 

Una vez presentado el diseño al fabricante se percataron de que la mitad de su presupuesto se iría en la fabricación del molde de las zapatillas, por lo que la otra mitad la dedicaron en exclusiva a la producción, logrando producir unas 349 zapatillas en su primer pedido a fábrica.

 

Pero ahora se encontraban ante otro problema: cómo vender y cómo crear una campaña de marketing sin contar con ningún tipo de financiación. Pensaron que debían acercarse al público lo máximo posible y descubrieron que, para ello, los mejores canales para hacer esto eran gratuitos. Utilizaron las redes sociales, y una campaña modesta de marketing para darse a conocer dentro de su público objetivo, desvelando, poco a poco, parte del proceso de producción de sus zapatillas, pero sin llegar a enseñar nunca el resultado final hasta el día del drop.

 

Comenzaron vendiendo en eventos pop-ups físicos, para poco después, y tras ver que el modelo de venta pop-ups caía, pasar a vender, casi exclusivamente, vía on-line en su propia página web. Y no les fue mal nada más empezar, ya que en menos de un mes lograron vender todo el lote de calzado. Aunque cierto es que al principio el grueso de compradores lo conformaban sus amigos y familiares, no menos cierto es que eso les servía de motivación y les ayudaba económicamente para seguir hacia delante con su prometedor proyecto.

 

Hoy en día combinan este medio de venta online con la venta en una conocida red de tiendas físicas que ellos mismos han ido abriendo con el fin de crear marca y, sobre todo, de estar más cerca de sus clientes. Creen que la base de su éxito son sus propios clientes, a los que atribuyen gran parte del mérito, dado que son ellos mismos los que están posicionado a Pompeii como marca de referencia en el mundo del calzado.

 

Su producto se acabó caracterizando por la exclusividad y no por el reducido precio, modelo al que llegaron tras, como ellos mismos reconocieron, prostituirse en el mundo de la moda, al dejarse llevar por ideas de negocio más enfocados en hacer dinero rápido a corto plazo que en crear un buen producto y venderlo a un tipo de cliente capaz de pagar por la calidad y exclusividad del mismo, modelo que siguen fielmente a día de hoy.

 

Esta empresa ha ido creciendo con cierta cautela durante los últimos 6 años, y es que su objetivo no es otro que el de generar un intangible valioso que les identifique como una empresa que se preocupa por la felicidad tanto de sus empleados como de sus consumidores.

 

No obstante, Pompeii, en 2015 llegó a facturar 540.000 euros, cifra que ha ido incrementando hasta cerrar un 2019 con la friolera facturación de 5.000.000 de euros, y ya se plantean darle proyección internacional con la apertura de tiendas físicas en Méjico y Portugal.

 

Estos jóvenes están demostrando al mundo que el no ser experto en algo no tiene por qué ser un obstáculo a la hora de emprender. Basta con tener una idea clara, creer en ella y dejarte la piel por sacarla adelante.

 

Emprender no es fácil, pero tampoco imposible.